La palabra Ecpatía aunque parecida y que comparte la misma terminación, significa todo lo contrario.
¿Qué tiene esto que ver en la enfermedad de Alzheimer?
¿Necesitamos de Empatía y Ecpatía si somos cuidadores de un enfermo de Alzheimer? En efecto, necesitamos de dosis de ambos conceptos.
La ecpatía no es lo mismo que la frialdad, la indiferencia o la dureza afectiva, sino que es una maniobra que compensaría al exceso de empatía.
El contagio emocional es necesario en un cuidador, pero hasta cierto nivel. La ecpatía está ligada al freno del estrés emocional, es decir, aplicando ciertas dosis, es más probable que el cuidador no sufra del estrés que genera cuidar a una persona enferma de Alzheimer y sobre todo, paraliza el contagio mental que supone el problema durante las 24 horas del día, puesto que la persona enferma lo está a tiempo completo. Aunque esto suene prometedor, cuando el enfermo de Alzheimer es tu madre, padre, herman@ o espos@ la ecpatía es un concepto que no es posible cumplir aunque lo deseemos y sepamos que es por nuestro bien emocional.
Oímos hablar constantemente del estrés del cuidador, y de la pregunta “¿Quién cuida al cuidador?” pero verbalizar estas ideas no basta. La enfermedad de Alzheimer es un monstruo que el cuidador lleva pegado a él como si se tratase de su sombra, y cuando la enfermedad la padece un ser cercano, y por tanto, querido, es imposible no pensar a cada minuto en ella, haciéndola protagonista indiscutible de nuestra existencia diaria.
¿Vosotros creéis que cuando un familiar cercano padece Alzheimer es posible tener ecpatía? ¿Es posible “aparcar” durante algún momento la enfermedad y pensar en uno mismo cuando hay una persona querida que nos necesita las 24 horas del día? Los conceptos actuales de “estrés del cuidador” y “síndrome del cuidador quemado” que tan presentes tenemos, ¿son aspectos que se pueden paliar? ¿Es utópico pensar que pueden llegar a no existir?
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