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miércoles, 1 de junio de 2016

CAIDAS EN LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER ¿CUÁL ES SU ORIGEN?

Se suele relacionar el riesgo de caídas en la enfermedad de Alzheimer únicamente cuando se encuentra avanzada, dado que el enfermo presenta a menudo dificultades para caminar sólo sin ayuda o no es capaz de mantener la postura erguida, pero nos olvidamos que las caídas, y por ende, su riesgo, están siempre presentes desde que comienzan los primeros síntomas de la enfermedad.

Al inicio de ésta, o incluso antes de aparecer los primeros síntomas, el paciente puede tener un episodio fortuito de caída que coincide justo con los primeros olvidos, ausencias, o bien con el período en el que su comportamiento se torna diferentes, taciturno o aislado.

A medida que avanzan los síntomas, las caídas son un factor de riesgo que hay que tomar muy en cuenta dado que este tipo de accidentes son los causantes de la invalidez temporal o permanente den enfermo y sus complicaciones pueden ser muy graves. Una caída con fractura (leve o grave) de una articulación y que desemboca en la inmovilidad obligatoria del enfermo, conlleva complicaciones de gran envergadura como pueden ser la espasticidad de los músculos que derivarán en inmovilidad permanente, infecciones por falta de actividad (urinarias), ulceras por presión…etc.

La caída en sí es un número de lotería que nos determina a corto plazo qué posibilidades tiene el enfermo de volver a caerse. Una caída,
predispone para la siguiente, y cada una de ellas conlleva un riesgo añadido.

Todos los enfermos de
Alzheimer, institucionalizados o no, deben ser cribados conforme a su riesgo de caídas, bien en la entidad en la que se encuentren, bien desde la consulta de atención primaria, con el objeto de poder implantar un programa de prevención de caídas, que más adelante nos servirá como punto de apoyo para mejorar la calidad de vida del enfermo.


Pero…¿Qué podemos hacer para prevenir las caídas?


A nivel doméstico, debemos revisar el domicilio en el que el enfermo vive o reside de forma habitual, como medida más inmediata. Despejar las zonas de paso, retirar alfombras y utensilios que puedan ocasionar caídas (jarrones de pie, paragüeros…etc.), asegurarnos que exista buena iluminación de las estancias de la casa y las zonas de paso (pasillo desde dormitorio hasta el baño, por ejemplo), prestar atención a los suelos de las habitaciones (sobre todo los de baño y cocina, más susceptibles de estar mojados y/o resbaladizos), valorar la ejecución de obras de menor envergadura como pueden ser las de sustituir bañera por plato de ducha, si es posible, eliminar las ropas holgadas con las que el enfermo se pueda tropezar, o retirar faldones, cubiertas de muebles, mesas camillas…etc. que arrastren por el suelo, pueden ser alguna de las medidas a tomar.

A nivel individual del enfermo hay tres cuestiones que deben ser presentadas como primordiales tanto en la institución en la que éste se encuentra (bien a tiempo completo, bien a tiempo parcial como podría ser un centro de día) y que es obligatorio y necesario que se evalúen al inicio y revisarse cada cierto tiempo, que son la
valoración del riesgo de caídas (mediante escalas predeterminadas como pueden ser el Test de Tinetti, la prueba Up and Go, la valoración del apoyo monopodal y el test de Berg), la impartición, como rutina de fisioterapia, de ejercicio físico adaptado a la situación individual de cada enfermo, cuya aplicación está demostrado que es la intervención más eficaz para retrasar el riesgo de caídas y por último y no por ello menos importante, la revisión de la medicación pautada al enfermo.
 
¿Por qué revisar la medicación? La polifarmacia, o denominada de forma más coloquial, la ingesta de más de 4 fármacos al día, se ha demostrado que incide de forma directa en el riego de caídas en el enfermo de Alzheimer. Las benzodiacepinas (tranquilizantes), los antihistamínicos, o los neurolépticos (sedantes) inciden de forma directa en la percepción espacial y sensorial que tiene el enfermo de su entorno, distorsionándole la percepción de lo que le rodea, ralentizando la coordinación de movimientos (indispensable para caminar) y favoreciendo las caídas.

¿Creéis que las caídas podrían prevenirse si desde la atención médica primaria o las instituciones se realizara una valoración inicial del riesgo que padece el enfermo?

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